13 agosto 2017

Líquido cefalorraquídeo


El líquido cefalorraquídeo (LCR) o más correctamente[cita requerida] líquido cerebroespinal (LCE), es un líquido incoloro, que baña el encéfalo y la médula espinal. Circula por el espacio subaracnoideo, los ventrículos cerebrales y el canal ependimario sumando un volumen entre 100 y 150 ml, en condiciones normales.

El líquido cefalorraquídeo puede enturbiarse por la presencia de leucocitos o la presencia de pigmentos biliares. Numerosas enfermedades alteran su composición y su estudio es importante y con frecuencia determinante en las infecciones meníngeas, carcinomatosis y hemorragias. También es útil en el estudio de las enfermedades desmielinizantes del sistema nervioso central o periférico.



Funciones:

·        Actúa como amortiguador y protege de traumatismos al sistema nervioso central.
·        Proporciona al encéfalo el soporte hidroneumático necesario contra la excesiva presión local.
·        Sirve como reservorio y ayuda en la regulación del contenido del cráneo.
·        Cumple funciones de nutrición del encéfalo (en menor medida).
·        Elimina metabolitos del sistema nervioso central.
·        Sirve como vía para que las secreciones pineales lleguen a la glándula hipófisis.
·        Permite el diagnóstico de diversas enfermedades neurológicas, y constituye una vía de entrada para la anestesia epidural.


El líquido cefalorraquídeo (LCR) es el pilar fundamental en el diagnóstico de la mayoría de las infecciones del SNC. Algunos de los diferentes tipos de estudios que se pueden realizar en las infecciones del SNC por medio del LCR se presentan en la Tabla 1. El conocimiento de la sensibilidad y la especificidad de cada uno de las pruebas bacteriológicas, la prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o determinación de anticuerpos y antígenos son de gran importancia en plan diagnóstico. Las características iniciales del análisis citoquímico pueden orientar a un diagnóstico específico aunque se requiere la confirmación de éste por otros medios. Sin embargo una buena correlación clínica inicial es suficiente para tomar una conducta terapéutica.

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